Revolta permanent 03Sep2011

Fraga

Manuel Fraga (centro) y Rodolfo Marín Villa (derecha) visitan a los heridos en los sucesos de Vitoria del 3 de marzo 1976

El ínclito señor de la foto superior (en el centro) probablemente no necesite presentación, pero para quienes no sigan la política o quienes lean esto les pille fuera de las fronteras peninsulares ibéricas, haremos una breve introducción “formal”. El ínclito señor, nacido en Galicia, se llama Manuel Fraga Iribarne, más conocido como “don Manuel”, “Fraga Iribarne” o “Fraga”, a secas. Con casi 90 años en este 2011, fue elevándose dentro del llamado Movimiento Nacional en la dictadura de Franco hasta llegar a varias carteras de ciertos Ministerios. Siendo Ministro de Información y Turismo (lo de “Información” se traduce como “Jefe Censor”) tuvo su momento más mediático cuando se bañó en la playa almeriense de Palomares para demostrar que unas bombas radiactivas caídas por error desde un avión de EEUU eran inofensivas. Este tema sigue trayendo cola ya que el gobierno imperialista se niega a pagar las facturas de la limpieza, pero eso es ya otro tema. Lo que nos acontece aquí son dos cosas, dejar de manifiesto que este señor debería haber sido inhabilitado de por vida de la política y su razonamiento. Corría el año 1976 cuando, pocos meses después de fallecer el Caudillo, en Vitoria-Gasteiz, futura capital de la Comunidad Autónoma Vasca (CAV), se gestaban huelgas, manifestaciones y asambleas obreras de matices importantes. Se pedían mejoras laborales en una época en la que el concepto “huelga” era aún un tabú (y prohibidas), pero fueron miles las personas valientes que desafiaron al caduco sistema que les reprimía. De estas huelgas, la de seguimiento más masivo fue la llevada a cabo el 3 de marzo de ese mismo año especialmente en el barrio de Zaramaga de la ciudad vasca, en la que cientos de policías tomaron las calles. En aquel momento el señor Fraga Iribarne era el Ministro de Gobernación, responsable de las “Fuerzas del Orden y la Ley” y se encontraba en Alemania. Aquí entra con fuerza Rodolfo Martín Villa, Ministro de Relaciones sindicales dejando patente que el Gobierno era el que se encargaba de dirigir a los Sindicatos de entonces, los “Verticales”. Tras conversaciones de la policía en la que se prestaban a abrir fuego, multitud de huelguistas entraron en la Iglesia de San Francisco de Asís creyendo que la Policía no podía acceder a la misma según los acuerdos del Concordato existente. Pero no fue así, bombas de humo y ametralladoras esperando fuera montaron una mezcla de sadismo y represión que dejaron 5 muertos y decenas de heridos.

Días después, los señores Fraga Iribarne y Martín Villa fueron a visitar a los heridos probablemente para reducir el impacto mediático de la situación. La “foto”, ya saben. Mucha gente vio las imágenes en TV y años después oyeron las conversaciones policiales, entre ellas un cantautor catalán, Lluís Llach. Famoso por su letra “L’Estaca” contra la dictadura, comenzaba a crearse en su cabeza un tema atemporal y que a la vez servía de periódico popular, “campanades a mort”, una canción de 17 minutos que recreaba aquel momento en el que muchos análisis vieron el comienzo de una ruptura con aquella mentira llamada “Transición”. La autonomía obrera se vio como un peligro y los partidarios de que “muriese la inteligencia” decidieron cortarla de raíz como demostración de fuerza. A efectos póstumos, quizás Pablo Neruda se refirió a aquel suceso cuando decía eso de de “podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”. El problema venía del invierno cultural que heredaba aquella época y la rapidez con la que la clase política empezaba una reforma “sui géneris”. Ese 3 de marzo quedó en la memoria y a la vez en el olvido, poco se habla de ese día inmortalizado tanto por Llach como por un monolito cerca de aquella iglesia.

Mientras tanto, el señor Fraga fue pasando de firmante de ejecuciones de muerte a ser uno de los “Padres” de la Sacrosanta Constitución Española previa fundación del partido de derecha heredera del franquismo y que ahora, sin tapujos, se llama Partido Popular tras una serie de refundaciones. Por otro lado, Rodolfo Martín Villa fue presidente de la eléctrica Endesa y actualmente lo es de Sogecable (PRISA).

Como ven, es lo que hay, cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Por nuestra parte lo tenemos fácil, no nos alegramos del abandono político del octogenario que se marcha como si de un dictador muriendo en cama se tratara. Le harán homenajes, multitud de ellos, y hablarán de usted casi como “un Santo” con alguna lágrima que otra. Si algún día usted fallece, señor Fraga, desearíamos encarecidamente que Lluís Llach cantase aquel “campanades a mort” por última vez en su funeral, dejando constancia de que usted es una de las bases principales de esta “una sola España” que heredó su legado del águila de San Juan.

Por aquel 3 de marzo, por los cinco fallecidos y por la autonomía obrera. Venceremos y cantaremos con ellos “assassins, assassins”.

Homenaje del cantautor catalán en el 30 aniversario del asesinato del Estado Español en Gasteiz. Antes de comenzar su interpretación, un pequeño discurso con grandes palabras.