Ladies and gentlemen, welcome to violence 28dic2011
Permitidnos a este humilde blog convertirse por un rato en un museo toscano de arte contemporáneo. Si son tan amables, contemplen la imagen de la izquierda e intenten darle un significado para sí. Esta foto fue tomada durante unas revueltas en Italia con motivo del las manifestaciones del 15 de octubre. Quizás lo primero que se les ha pasado por la cabeza ha sido “violencia”, “disturbios”, “crispación” o cualquier otro calificativo que huela a neumático quemado. No cabe duda que es algo inédito en el ambiente cotidiano donde el factor constante es “resignación”, palabra en la que probablemente no hayan pensado. Nos quedamos con el momento, con lo etéreo, no pensamos de dónde viene ni dónde va. Podemos dudar de su verdadero significado, pero no vacilamos en que la violencia es inherente a la condición humana y muchos/as filósofos/as han hablado sobre ella. Ya comentamos en su día sobre Bakunin, teórico anarquista, en contraposición a Max Weber, que calificaba la violencia como monopolio del Estado siendo, con toda probabilidad, componente fundamental para mantener la paz social. Uno de los factores de los que no habló el filósofo alemán fue la inculcación de la idea a través de los medios como generadores de opinión, ya que en el siglo XIX- principios del XX no existía un poder mediático tan importante como el que hay ahora en tan pocas manos. Gracias a esta pseudocoacción subliminal, hemos asumido que la imagen de la izquierda ha ocurrido en nuestra propia calle obviando cualquier otra realidad plausible. Recordamos que fue tomada en Italia en las manifestaciones del 15 de octubre del 2011 sin que el medio en cuestión ofreciese el contexto socio-político del país mediterráneo.
Decía el guerrillero argentino Ernesto Guevara poco antes de morir en Bolivia: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”. La imagen de la izquierda superior reboza guevarismo, ese icono impuesto por el capitalismo poniendo cara a una utopía de la que recomendamos su lectura no sin quemar las camisetas con su rostro. El odio bien encauzado, como decía Guevara, es liberador, libertario, es armonía que coloca en su sitio a un colectivo alienado. La lucha de clases, como condición humana, crea cohesión social e indudablemente tiene como banda sonora alguna pieza de Beethoven. Kubrick fue un maestro y lo demostró en La Naranja Mecánica. El odio bien encauzado, cuando se aleja de la locura, lleva también inherente grandes cantidades de amor revolucionario.
Hoy hemos tenido una reflexión un tanto maoísta. Del museo toscano hemos volado al Pekín del 49 pasando por el Nepal post-monárquico, esperamos hayan disfrutado del viaje.
