Subliminal fascism 12jul2012

Tiempos oscuros en los que no sabemos si citar a Mao, a Gramsci, a Rosa Luxemburgo o a Marx, hoy tocaría algún clásico porque estamos viviendo el movimiento político más primigenio y antiguo, lo que éste último llamó “lucha de clases” y no es más que ese fenómeno de liberarse de la opresión ejercida por la clase dominante. Durante años hemos hablado de nazi-fascismo, colonialismo o imperialismo según el proceso de liberación que se haya gestado contra él que podrían encuadrarse en uno, la liberación contra la tiranía. Aquel concepto que crearon en la antigua Grecia ha tenido cabida tanto en la lucha de Espartaco y los esclavos, en la invasión de América de finales del siglo XV como en la revolución rusa de 1917 entre otros momentos históricos. El maquillaje con el que la tiranía se ha presentado en el siglo XX ha sido revelador y posmoderno, convirtiéndose incluso en producto de marketing y consumo. ¿Cómo se puede explicar la desacreditación de las luchas obreras que han conseguido las actuales condiciones laborales existentes? ¿Cuántas mujeres han sido (y son) producto del abuso dando la cara para abrir la senda a las que venían (y vienen) detrás? Las democracias llamadas occidentales, aquellas repletas de crédito y vacías de compromiso, las que ofrecen slogan pero nunca contenido, no están exentas eliminando restos de maquillaje desde que estalló la burbuja provocando una de las mayores estafas sistémicas. La tiranía de la posmodernidad democrática no ha hecho más que debilitar la conciencia de colectividad, no va de frente sino que llega a través de los cinco sentidos, no es un señor que dirige su pulgar hacia abajo con una corona de laureles ni condena directamente a una minoría a la represión. La maquinaria de occidente es de cara amable con puño de hierro y guante de seda, ya no se caracteriza por culto al líder sino que ese líder se difumina en actos “irreversibles” como el desahucio o la pérdida de derechos laborales que tantas vidas en fábricas quemadas costaron. El “patrón” que antiguamente era representado con sombrero de copa y monóculo quiere ser tu amigo y poco a poco, a través de mensajes subliminales, el bajito austriaco de corto bigote se ha convertido en una sonrisa multimillonaria que sólo mira tu bolsillo y tu conciencia jugando al despiste. La tiranía es como la energía, se transforma sin tiempo para asimilarlo por la mayoría de la masa social víctima y partícipe de un tablero de ajedrez en el que nos encontramos.

De Guindos

Gracias a que el maquillaje de la benevolencia se ha acabado antes que el petróleo, hemos comprobado cómo el poder tiránico ha desempolvado sus pistolas antisociales activando así las mil sogas de la represión. Alarma superestructural, Dios aprieta y ahoga. El pueblo, ese otro concepto hermoso y antiquísimo, es capaz de señalar con el dedo después de esquivar otras tantas cortinas de humo que escondían un cielo lleno de cuervos negros ahora bien visibles. La recuperación de la realidad y la pérdida del miedo son aliadas innegables en la lucha contra la tiranía. Alarma superestructural.

Entrada escrita un 11 de julio del 2012, fecha en la que Madrid lleva ocupada por antidisturbios varias horas sin conseguir aplacar a quienes tienen legitimidad pero no justicia.