Borreroak baditu milaka aurpegi 12nov2012

El verdugo tiene mil caras, mil formas de practicar su violencia contra la indefensión popular de quien se siente sin protección. Un desahucio, una agresión por motivos raciales, sexuales o de cualquier otra índole, un envío masivo al desempleo de personas en difícil situación social para más enriquecimiento corporativo o la represión ante cualquier intento de respuesta social han convertido a la Europa decadente en un nido de verdugos que desenterraron del todo los símbolos imperiales tras los cuales se escuda la Tiranía ya sin caretas. Estas caretas, sin necesidad de que lleven bigote y flequillo, han funcionado como un cementerio indio sobre el que se ha construido este “modelo occidental” sin frenos desde la caída de la URSS. La demonización de cualquier otra opción distinta a EEUUropa se convirtió en labor primordial de las grandes empresas de comunicación, quizás nos suene eso del “pensamiento único” con el que realizamos un juicio popular extraoficial a cualquier intento de autonomía. Poco a poco, y gracias a la SOLIDARIDAD de miles de personas, se crean diariamente redes sociales de cooperación y ayuda a quien más lo necesita, a quien está pendiente de lo que el fascismo económico llama “ejecución hipotecaria” o de un/a migrante con la etiqueta de “delincuente” gracias a la modernidad política que nos rodea. Inducir al suicidio es otra de esas vías por la cual un verdugo ejerce su labor violenta, sólo que con la diferencia de que éste no tiene capucha. El verdugo de las mil caras tampoco lleva un hacha en su cinturón, no la necesita, la punta de su bolígrafo ya está afilada apuntando a su próxima víctima.