The builder 08dic2012

El pasado 5 de diciembre, nos dejó Oscar Niemeyer, centenario arquitecto brasileño y militante comunista famoso por sus obras y su aportación a la humanidad. Como exiliado político de la dictadura brasileña, una de sus obras fue la sede del Partido Comunista Francés, la cual fue declarada de interés cultural por el gobierno de París y es visitada por más de 15.000 personas al año según la organización. Para leer sobre Oscar y su legado arquitectónico, decenas de artículos y noticias han detallado su vida dejando de lado su compromiso político como “constructor”, de igual manera que Miguel Hernández fue “constructor” de la palabra, Picasso de la pintura o Isadora Duncan en el ballet. “Constructoras” de cultura, de sociedad y de relaciones sociales, en ellos/as, incluido Oscar, prima el humanismo y la atemporalidad de sus obras. La cultura, que siempre ha sido usada como arma hegemónica contra el pueblo desde las altas esferas, tiene en estas figuras una salvaguarda en la que seguir confiando mientras éstas se empeñan en sustituirlas por la llamada “industria cultural” de usar y tirar. La “construcción” de una cultura sólida, humana y comprometida frente a una de plástico, decadencia y pose.

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Sit tibi terra levis. Nos dejan pero nunca nos abandonan.