The grapes of Wrath 18feb2013

[Atención, posibles spoiler, pero si no has visto aún "Las uvas de la ira", termina antes de leer esto. Luego lee, relee, analiza y saca tu conclusión, también puedes debes leer la novela de John Steinbeck.] En 1940, John Ford se levantó inspirado y dejó para la posteridad “Las uvas de la ira”, film que comienza con la resitencia ante un desahucio. “Ningún papel nos puede echar” dice el padre de Tom Joad al emisario de “la Compañía” que amenazaba con derribar la casa, tal y como se hizo a la mañana siguiente. Después de desequilibrar la balanza en favor de quien más tiene, “la Compañía”, los/as protagonistas comienzan una andadura por el sur de los EEUU dirección a California con vistas a mejorar las condiciones laborales que sufrían en Oklahoma. Agolpados en barracas, trabajan por una miseria mientras sufren una vigilancia extrema ante la amenaza de “alborotadores” mientras son tachados de “esquiroles/as” cuando van a recoger fruta por un precio que finalmente es rebajado a la mitad. El predicador, en un brillante análisis, se identifica como “necesario” para mantener las condiciones sociales que, aunque pobres, les sirve para mantener la cohesión ante el enemigo caciquil y terrateniente. Decenas de familias eran engañadas para trabajar las tierras que otros/as se negaban ante la pérdida adquisitiva.

El desenlace de la familia Joad se desenvuelve entre sentencias que, rimadas y con guitarra, compondrían durante aquella época la discografía de Woody Guthrie. La señora Joad, lúcida en el final, habla del miedo o de la ausencia de ella para afrontar los reveses a los que su clase, “the people*, ha de plantar cara. El “miedo”, dice la señora Joad subida en el coche mientras vuelven a buscar otro destino incierto en pleno desierto estadounidense. La tristeza, el desamparo y el desconcierto van desapareciendo en favor de la tenacidad generada por los contratiempos que la vida les ha ido poniendo en el camino.
Corría el año 1940 y las conclusiones de la película aún tienen vigencia en el 2013. La vida, a veces, parece un remake continuo en 35mm.

* En la versión doblada al castellano, la señora Joad dice al final de la película “saldremos siempre adelante, porque somos la gente“, relegando a un segundo plano otra acepción mucho más política del vocablo anglosajón, “el pueblo“. Vean siempre cine en VOS si es posible, Gramsci lo haría como ejercicio contrahegemónico.

  • Sandra

    Gracias por el post, de verdad, “Las uvas de la ira” es una gran película sobre la lucha de clases. Aun así, como fan fanática de Steinbeck, he de decir que el final del libro siempre me pone los pelos como escarpias, eso sí que es solidaridad (no entro en más detalles por si alguien no lo ha leído todavía).