The evil that men do 30Ene2014

pjramirezyrodriguezzapatero[1]

Pobre Pedro J, ha ofendido al poder y el poder le ha quitado la silla. Quizás no se pueda toser al poder formando parte del mismo, o, mejor dicho, creyendo formar parte de él. Quizás sólo sea un asalariado más que protagonizó un altercado en directo con alguien que sí forma parte de ese poder (¿hemos dicho “poder”?). ¿Quién mueve los hilos? Parece que Pedro J no, y menos a partir de hoy. Telefonazos aquí y allá para cargarse el puesto del fundador del periódico El Mundo que obtendrá, seguramente, un sustancioso despido para disfrutar en su casa de Baleares porque el poder, al fin y al cabo, siempre se lleva a cabo, aparentemente, desde una lujosa casa de las afueras, tal y como aprendimos con “El Padrino” de Mario Puzo. El atrezzo está, el actor, no.
Ahora viene la contradicción, ¿podemos definir como “mártir” al azote del liberalismo español que se servía de esta propia doctrina para mantener su status e influencia mediática? Pobre Pedro J, seguro que está en un sin vivir revisando sus viejos tomos de “El Capital”.